Cristal: "Sólido cuya estructura atómica está ordenada de forma periódica en las tres direcciones del espacio, es decir, que está formado por la repetición de un motivo siempre idéntico de átomos, iones o moléculas. Exceptuando el vidrio y las sustancias amorfas, toda la materia sólida se encuentra en estado cristalino."

Amapola: "Papaver rhoeas. Planta anual de la familia de las Papaveráceas, con flores rojas por lo común y semilla negruzca, tallo velloso con propiedades venenosas. Frecuentemente nace en los sembrados y los infesta. Es sudorífica y algo calmante. No se puede utilizar como ornamento debido a que sus pétalos se marchitan con facilidad."

domingo, 23 de septiembre de 2012

Belleza efímera

Elogio de las plantas


Una colección de amapolas apareció un día en un aparcamiento cerca de la casa de David en Witshire. "Me encantan las amapolas y no puedo resistirme a fotografiarlas. Me cuesta pensar en una planta que les gane en belleza... Cuando las amapolas florecen en masa es demasiado, resulta difícil captar lo efímero de su hermosura".
David se pasó una semana visitando estas flores, buscando un grupo de ellas en particular. "Quería una imagen sencilla, con una mayoría de amapolas sin pétalos y solo unas pocas en plena floración". Tumbado en el suelo, las fotografió contra un cielo nublado creando una "arquitectura de cañas con pequeños destellos". Tres días después alguien cortó las "malas hierbas". "La mayoría no había diseminado sus semillas así que supongo que no habrá amapolas el año que viene".


David Maitland (Reino Unido)



... para decir las cosas importantes ...
... Wendy siempre necesitó robar las palabras de otros ...
... decir adiós es una cosa importante ...

lunes, 9 de julio de 2012

Robados/Posados XV

Sí, piensa Clarissa, ya es hora de que termine el día.
Organizamos fiestas; abandonamos a nuestras familias para vivir solos en Canadá; con gran trabajo escribimos libros que no cambian el mundo, a pesar de nuestras dotes, sin escatimar esfuerzos, y a pesar de nuestras esperanzas más descabelladas. Vivimos nuestra vida, hacemos lo que hacemos y luego dormimos: es tan sencillo y vulgar como esto. Unos pocos se tiran por la ventana o mueren ahogados o toman pastillas; más personas mueren a causa de accidentes; y la mayoría de nosotros, la gran mayoría, somos devorados lentamente por alguna enfermedad o, si tenemos mucha suerte, por el tiempo mismo. El único consuelo que tenemos es esta hora o aquella en que nuestra vida, contra toda probabilidad y contra toda expectativa, se abre de pronto y nos da todo lo que hemos imaginado, aunque todos, menos los niños (y quizás ellos también), sabemos que a esas horas, inevitablemente, les seguirán otras, mucho más oscuras y más arduas. Apreciamos, no obstante, la ciudad, la mañana; por encima de todo, confiamos en que sigan existiendo.
Sólo el cielo sabe por qué las amamos tanto.
He aquí, pues, la fiesta, todavía preparada; he aquí las flores, todavía lozanas; todo está listo para los invitados, que han resultado ser tan sólo cuatro. Perdónanos, Richard. Es, en efecto, una fiesta, en definitiva. Es una fiesta para los que aún-no-han-muerto; para los relativamente indemnes; para quienes, por misteriosas razones, tienen la fortuna de estar vivos.
Es, en efecto, una grandísima fortuna.
Julia dice:
-¿Crees que debo preparar un plato para la madre de Richard?
-No -dice Clarissa-. Voy a buscarla.
Vuelve al cuarto de estar, donde está Laura Brown. Laura dirige una sonrisa lánguida a Clarissa: ¿quién podría saber lo que piensa o siente? Hela aquí, pues; la mujer de la ira y la tristeza, la mujer patética, la deslumbrante de encanto;la mujer enamorada de la muerte; la víctima y la torturadora que obsesionó la obra de Richard. Aquí, en esta habitación, aquí mismo está la amada; la traidora. Es una anciana, una bibliotecaria jubilada de Toronto, que viste zapatos viejos de mujer.
Y aquí está ella, Clarissa, que ya no es la señora Dalloway; ya no queda nadie que la llame así. Tiene aún otra hora por delante.
-Venga, señora Brown -dice-. Todo está listo.


Las horas, MICHAEL CUNNINGHAM



... Wendy piensa que le quedan demasiadas horas ...
... demasiadas ...

domingo, 8 de julio de 2012

Póngame dos bolas de helado, por favor

Ariel -y solo ella sabe quién es- solía ser ácida. Pero ese día, al igual que cada unos de los treinta anteriores, se levantó  amarga.
Amarga. Por no dormir bien, ni suficiente, ni reparador. Por no disfrutar de los segundos vividos. Por no respirar bien adentro. Por pensar demasiado. Por sentir demasiado poco.
Amarga. Porque cuando vives con una garra apretándote el cuello es difícil tener otro sabor.
Un mes. Un mes desde el golpe. Aquel maldito día algo le decía que no fuese, y sin embargo. Fue.
Un mes ya. Y parecía que hubiera sido ayer mismo. No porque el tiempo hubiese transcurrido veloz; sino por la intensidad de aquel sentimiento. Todavía.
Dolió mucho. Primero, la incredulidad, la sorpresa, todos los "¿es posible que esto me esté pasando a mí?". Después la ira, el cabreo, general y generalizado. Global. Y luego, tras agotarse en sí misma, la tristeza, la apatía. Decepción.
Y ahora llegaba la angustia. La de saber que ya nada volverá a ser lo mismo. O peor, la seguridad de que todo volverá a ser como fue antes, sin remedio, sin más opciones. La inefable certeza de saberse finalizada, agotada, acabada; pero desde afuera. Como los piecitos vendados de las japonesas, como los bonsais alambrados... forzada, presionada, empujada a no crecer. A no vivir.
Catalogada, calificada, desvalorada, juzgada y prejuzgada, observada y hasta la saciedad comentada. Asqueada. Cansada.
Amarga.
Una vez más. Una vez menos.
Ese día se levantó, y pretendió de nuevo aplacar el amargor con todo su arsenal, a saber:
La sal del sudor de su gimnasia
El dulce de sus abrazos
La ternura de su mirada
La miel de sus ojos inundados
La limpieza brillante de su conciencia
La luz de su calma
Y no fue capaz. Por eso decidió lo que en realidad ya había decidido meses atrás. Que viviría hacia adentro. Que sonreiría SIEMPRE, aún llorando. Que ignoraría aquello y a aquellos que le hicieran daño. Que desterraría de su vida a los vampiros, a los manipuladores, a los malvados. Que su silencio sería su refugio, su hogar, su paz. Que los super-héroes llevaban tiempo muertos. Que dejaría de creer. Y que NuncaJamás pararía de crecer, por mucho que otros intentasen asfixiarla.
Porque ella sabía, porque siempre lo había sabido, que el mundo está dentro de uno mismo. Y que si el mundo de adentro está bien, el de afuera da lo mismo.
Y ella  por dentro estaba llena de luz. Quizás era porque deslumbraba, por lo que ellos se tapaban los ojos.


... Wendy lo supo entonces ...
... saboreó el helado ...
... amargo, el sabor del verano ... 

domingo, 17 de junio de 2012

Des-Quitándome

... desdén ...
... desprecio ...
... desgana ...
... destrozar ...
... destreza ...
... desvío ...
... desvarío ...
... desesperación ...
... despeñarse ...
... descarriada ...
... desbandada ...
... desmán ...
... deshacer ...
... desecho ...
... deshecho ...
... desconfianza ...
... deshonra ...
... deslenguada ...
... despavorido (referente a huida) ...
... descabellado ...
... desmedida ...
... desahuciada ...
... descaro ...


... ¿desde cuándo? ...
... el por qué ya ni siquiera importa ...

sábado, 7 de abril de 2012

8

Dime, soldaditodeplomo:
¿hubo un cielo especial para ti?


... ocho años ...
... y sigo siendo violeta ...

martes, 27 de marzo de 2012

Sometimes

A veces...

... es mejor apartarse a un lado, para ser el centro
... hay que dejarse adelantar, para poder llegar primero
... todo se ve más claro en la oscuridad
... compensa perder mucho, para ganar poco
... hay que renunciar a la vida, para poder sobrevivir
... un silencio, es el grito más ruidoso
... quien menos te conoce, es quien mejor te ve
... no hacer nada, es la mayor agresión
... el amor verdadero, es lo peor que te puede suceder
... solo se puede huir avanzando
... enfrentarse es un acto de cobardía
... callar es tu fortaleza


... la verdad como forma de violencia ...
... Wendy ...
... es hora de hablar ...

miércoles, 21 de marzo de 2012

Curiosity

¿Quién me lee desde...
... Valencia?
... Barcelona?
... Andorra?
... París?
... Indonesia?
... Singapur?
... Rusia?
... Alemania?
... Sevilla?
... Murcia?
... Valladolid?
... Almería?
... Palma de Mallorca?
... Madrid?
... Lugo?
... Orense?
... Italia?
... Atlanta, Georgia?
... Bruselas?
... Mato Grosso, Brasil?
... Council Buffs, Iowa?
... California?
... Venezuela?
... Vigo?
... Colombia?
... Argentina?
... México?
... Chile?
... Asturias?
... Ecuador?
... La Coruña?
... Panamá?
... Reino Unido?
... Países Bajos?
... Perú?
... Portugal?
... Canadá?
... El Salvador?


... Wendy quiere dar las gracias ...
... y siente una tremenda curiosidad por cada uno de vosotros ...
... por cada una de vuestras historias ...
... Wendy morirá de curiosidad ...

viernes, 16 de marzo de 2012

Robados/Posados XIV

Volvió a ver a Pedro Cantos llorando, las manos metidas en el fondo de los bolsillos del sobretodo. Volvió a verlo mientras la acariciaba sin el coraje de respirar. No olvidaré este día, se dijo.
Luego se dio la vuelta, se acercó a Pedro Cantos, e hizo aquello por lo que había vivido. Se acurrucó a sus espaldas; llevó las rodillas hacia el pecho, alineó los pies hasta notar las piernas perfectamente acopladas, los dos muslos suavemente unidos, las rodillas como dos tazas en equilibrio la una sobre la otra, los tobillos separados por un suspiro; se encogió un poco de hombros y deslizó sus manos, unidas, entre las piernas. Se miró. Vio a una vieja niña. Sonrió. Caparazón y animal.
Entonces pensó que, por mucho que la vida sea incomprensible, probablemente la atravesamos con el único deseo de regresar al infierno que nos creó, y de habitar en el mismo junto a quien, en una ocasión, nos salvó de aquel infierno. Intentó preguntarse de dónde procedía esa absurda fidelidad al horror, pero descubrió que no tenía respuestas. Sólo comprendía que nada es más fuerte que ese instinto de volver donde nos desgarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años. Pensando tan sólo que quien nos salvó en una ocasión puede después hacerlo para siempre. En un largo infierno idéntico a aquel del que venimos. Pero, de pronto, clemente. Y sin sangre.

Sin sangre, ALESSANDRO BARICCO


... viviendo en el largo infierno ...
... Wendy still waits ...

De cítricos e infidelidad

Hace semanas alguien que sabe del tema me contó algo sobre los cítricos y los injertos. Yo de esto sé más bien poquito, básicamente mi conocimiento se reduce a la degustación regular de naranjas y pomelos; y de injertos, casi me voy a quedar con los cutáneos.
Pues resulta que, si me he enterado bien, tú puedes injertarle una rama de limonero a un naranjo y, si prende, tendrás un naranjo con una rama que sigue dando limones.
Sí, así, a su bola, el limonero. Eso sí, mientras chupa cual sanguijuela la savia del pobre naranjito (???... momentazo regresión a 1982). Me pareció algo cruel, egoísta y un sinsentido; pero parece ser que debo ser la única que opina así, porque nadie se lo había planteado como una relación de lo más parásita. Que sí, que soy rarita, ya lo sabíais, ¿no?
Y no habría pasado nada si esa idea no se hubiese quedado ahí, rondando en mi cabeza, buscando encontrar una forma de expresión, la que sea. Y entonces voy y me da por ver esa película de George Clooney (¡oh!, ese hombre), o sea "Los descendientes". Y lo cierto es que no me ha gustado demasiado; y la idea de base, la historia central me parece sencillamente genial, simple, sencilla, humana, imperfecta y por tanto endiabladamente perfecta. Pero es que no termina de llegarme, el rollo empatía y eso... se me ha quedado muy superficial esta peli.
A ver, que me lío. A lo que yo iba era a que mientras veía la película de marras, empieza a tomar forma el injerto del cítrico parásito en mi cabeza. Y comienzo a ver la relación de pareja (en genérico, llámese matrimonio, noviazgo o sucedáneo) como un naranjo formado por mediasnaranjas que, si todo va bien (lo cual no deja de ser paradójicamente utópico, ya que cada vez estoy más convencida de que esto es imposible) solamente dará  naranjas, jugosas naranjas de las que hacer zumo de fidelidad.
Pero, y aquí viene el tema injerto de cítricos, si una de las mediasnaranjas decide actuar por su cuenta y "cruzarse" con otros frutales, se convierte en una especie de limonero injertado en el naranjo. Agrio, chirriantemente agrio. Pero solo cuando lo percibes, o sea, cuando te enteras de que habías tenido una rama injertada, chupándote la savia, la energía, consumiendo unos recursos pactados con anterioridad para dos y que ahora han de repartir con el convidado secreto. Y total, ¿para qué? Para dar limones. Ni siquiera coopera a llenar la caja de naranjas jugosas, no. Va a su bola, haciendo limones sin que el resto del pobre naranjito (otra vez 1982) se entere. Hasta que ya es demasiado tarde.
Demasiado tarde. Cuando el naranjo descubre a su limonero parásito, solamente puede hacer dos cosas, a saber:
- Negarle la savia, la vida. Matarlo. Mola, ¿verdad? Así, en plan vengador. Lo malo es que solo lo puedes conseguir muriendo con él; una especie de homi-suicidio en pareja. Y ya, ni naranjas ni limones. Se acabaron los cítricos.
- O, no volver a mirar a tu rama de limonero, hacer como que no existe, y seguir adelante con la temporada. Estaría bien, pero las veces que se ha intentado siempre, invariablemente y sin saber el por qué, se produce un cambio. La rama injerto sigue dando limones (y a saber a quién...), pero las naranjas pasan de ser dulces y sabrosas a transformarse en secas y amargas naranjas, solo aptas para malas confituras de desayuno de hotel cutre.
Vaya usted a saber por qué los cítricos hacen estas cosas. Será que en el fondo se parecen mucho a los humanos.


... naranjas ...
... limones ...
... Hawaii...
... Wendy se queda con los pomelos... rosas ...

miércoles, 29 de febrero de 2012

Con i de idiota...

Se escribe...
... intentar
... insistencia
... persistencia
... resistencia
... inocencia
... imbécil
... estupidez
... pasión
... ilusión
... lágrimas
...  historia
... imaginación
... amigo
... tristeza
... muerte, no
... suicidio, sí
... coordinar
... médico
... ética
... principios
... alegría
... felicidad
... ignorancia
... Italia
... distancia
... niños
... disfrutar
... creatividad
... literatura
... viaje
... idea
... cocinar
... disculpa
... gratitud
... sacrificio
... transparencia
... admiración
... nostalgia


... no soy una niña ...
... solo soy esa cara de idiota ...

martes, 14 de febrero de 2012

Love is...

Amar es...
... volar sin alas ni motor
... sonreír al imaginarte
... perder mis límites en ti
... gritar en positivo
... hacer daño cuando es necesario
... y a veces cuando no
... darse cuenta de que te has equivocado
... y pedir perdón, aunque sea en silencio
... callarse
... tantas cosas
... desear sufrir por ti
... fundirse en un abrazo
... saber lo que piensas
... saber que sabes lo que pienso
... disimular juntos los miedos
... actuar con calma, pero aterrorizados
... levantarse de madrugada a llorar al salón
... para no despertarte
... permitir que "okupes" mi corazón
... probar y ver que nada pesa tanto en la balanza
... saber recuperar lo que ya no estaba
... mantener vivo un sueño
... llorar por turnos, porque a la vez duele demasiado
... hacer como que todo va bien, como que no te enteras
... sacar del fondo del pozo a quien amas
... no rendirse NuncaJamás
... dejar que pegue mis pies congelados cada noche a tus piernas
... dormir con tu mano en mi pecho
... saber que estás conmigo
... estar viva
... vivir
... mi vida
... todo


... Wendy y Cristina se parecen ...
... Owen también se parece ...

viernes, 3 de febrero de 2012

Reflejos

Un día. Como cualquier otro.
No supo nunca por qué, pero se dedicó a observarlo, a analizarlo, examinando cada uno de sus gestos, interpretando cada una de las ausencias de los mismos.
Lo miró como se mira un cuadro, intentando descubrir en cada detalle una intención, un secreto, una técnica para mostrar u ocultar algo. Lo que sea.
No sabría precisar cuánto tiempo perdió en ello. Sí llegó a saber cuánto perdió tras aquella tediosa tarea. Tan estúpida y tediosa como cualquier otra. Como cuando dedicaba tardes enteras a mirar por la ventana e inventar historias para cada persona que pasaba por ella, como si fuera un cine imaginario; a transformar en personajes a simples personas.
Una vez había leído en alguna parte algo sobre una enferma mental que vivía ante la ventana de su casa, día y noche, haciéndose la ilusión de que viajaba en tren. Tan estúpida como ella, puede que igual de enferma. También.
Lo observó como un científico a un insecto raro y extraordinario.
Y se dijo:
- ¿Quién es este hombre?
En ese momento se dio cuenta de que ya no lo conocía. Ni siquiera lo reconocía. Parecía igual, pero distinto. Idéntico, pero vacío. Como una víctima de esas arañas que muerden al incauto y aspiran, sorben todos los jugos y órganos de su cuerpo, dejándolos iguales, pero vacíos. Idénticos, solo que muertos.
¿Había sido acaso ella  la araña? Otra pregunta más a engordar la lista de aquellas a las que jamás encontraría respuesta.
Se percató de que ya no había nada. Nadie de quién había sido. Ninguno de los que habían sido durante y hacía tantos años.
Igual que dos rocas, los habían desgastado el tiempo, el viento, la lluvia, el mar y los cambios de temperatura -en ocasiones tan drásticos: frío, calor, frío, calor-, hasta convertirlos en algo que ya no eran.
Se dirigió al dormitorio. De repente le dolía la cabeza. Estaba tan cansada, agotada. De camino paró en el baño, de forma automática se desmaquilló, borrando la máscara diaria de felicidad supuesta, y con ella las obligaciones externas de la vida adulta aceptable. Fue entonces cuando mirando a su reflejo, se preguntó:
- ¿Quién es esa mujer?



... I think I'm moving but I go nowhere...
... I've become what I can't be ...
... can you see what I see? ...

sábado, 28 de enero de 2012

Phalaenopsis against the world

Es tan frágil la línea que separa, el límite tan difuso. La diferencia entre el bien y el mal, lo que está bien y lo que está mal, lo correcto y lo que no lo es, la locura y la cordura. La vida y la muerte.
A veces le gustaba recostarse en su cama y simplemente dejarse llevar, por el sueño, la respiración... coge aire... suelta... nada más. Vaciarse de todo lo que se considera humano. Por eso adoraba las orquídeas, tan bellas, tan equilibradas, tan elegantes. Tan efímeras, tan frágiles.
Así era ella también. Hubo un tiempo en que fue prácticamente una orquídea, alimentándose de aire y agua. Saprófita. Hasta que descubrió que esa mezcla, si se mantiene demasiado tiempo, solo resulta en dolor. El aire se transforma en angustia que cierra el pecho. El agua, en lágrimas saladas que queman la garganta.
La piel. Podría ser. Aunque dudaba de tener la valentía suficiente. Y, por supuesto, mancharía demasiado. No, eso no iba con su forma de ser. De todas formas, siempre podría salir mal, no llegar a tiempo.
Después estaban las otras formas, mucho más escandalosas. Volar; muy "a lo grande", pero siempre estaba el temido momento de la caída y el impacto final. Desagradable en exceso.
Trenes, metros, coches... descartados. Nunca se debe involucrar a otro. La culpabilidad es tan caprichosa...
Si lo único que quería era irse, marcharse, escapar. Dormir para siempre. ¿Cómo no desearlo cuando sabes que tu vida ya nunca será mejor de lo que ha sido hasta ahora? ¿Que lo único que te resta por andar es cuesta abajo? Que a pesar de todo lo que haces, continúas siendo invisible.
Ojalá fuera tan sencillo como dejar de respirar. Coge aire. Suéltalo. Coge aire. Suéltalo. Ya no cojas aire.
Ojalá. Pero no, las cosas en la vida nunca son tan fáciles. No lo es nacer. ¿Por qué, entonces, debería serlo morir?
Lo de tomarse algo tampoco le gustaba. No temía a la muerte, pero sí al dolor. Aunque a lo que más temía era a la locura, y ahora ya no distinguía la línea. La soledad, a esa también le temía, desde siempre. Porque siempre había sido su compañera. Porque sabía el daño que podía hacer.
"Nacemos igual que morimos. Solos."
Vivió lo que pudo, agarrada fuerte con los pies en la tierra. Pero la tierra no la sostuvo, no podía hacerlo; no era tierra, solo corteza de pino llena de huecos y aire envenenado. Vivió como pudo. Y al no poder enraizar bien, busco lo que necesitaba alargándose hacia arriba, hacia el cielo. Buscó luz, aire. Amor. Y solo en aquel fulgurante momento lo encontró. Entonces floreció esplendorosamente. Tras un largo, delgado y frágil tallo incapaz de sostener nada, por minúsculo que fuera; floreció. Preciosa, sedosa, blanca, con leves matices rosados. Y en su centro, un corazón amarillo lleno de vida, chillando plenitud en un temblor imposible.
Dos semanas. 
Bueno, casi tres.
Y se acaba. ¿Cómo resignarse sabiendo que ya nunca más brillarás? ¿Que todo lo que queda es la estúpida búsqueda de una meta imposible?
Les daba pastillas a sus orquídeas. Vitaminas, para crecer, para florecer.
Pero, ¿qué sentido tiene la vida de una orquídea una vez que pierde sus flores? Si son invisibles.
Y la única manera de dejar de ser invisible es desaparecer.
Les dio pastillas a sus orquídeas. Y las mató.
Desapareció. Y fue entonces cuando todo el mundo la vio.


... nadie se fija en una orquídea sin flores ...

domingo, 22 de enero de 2012

Not being

A veces no estoy. Y cuando es esas veces, es muy jodido encontrarme. Incluso para mí misma.
Y es que a veces no estoy ni siquiera para mí. Ni siquiera para ti. Ni siquiera para nadie.
Así que resulta que a veces no estoy. Solamente quiero dejarme vivir, aunque sea por otros. Aún a través de otros. Y olvidarme de mí. Y centrarme en todas y cada una de mis circunstancias. Porque en esas veces -y solo en esas-, si me parase a centrarme en mí, me daría cuenta de lo triste que soy, de lo malhumorada, ceñofruncida, quejosa y tocapelotas que soy la mayor parte de mi vida. Y eso me haría pensar en la tremenda y casi infinita paciencia que tienen aquellos que, voluntaria y voluntariosamente han decidido sufrirme, aún a pesar de conocerme. 
Por eso, a veces no estoy y solo me deslizo sobre mi propia vida; trabajo, coche, familia, casa, colegio, bla, bla, bla. Cuando en realidad me encantaría esconderme tras un millón de libros, mientras me aíslo del mundo dejándome acunar por una fantasía cualquiera en voz de otros, mecida por música de otros, con letra de otros. Solo porque a veces considero que yo nunca seré capaz de hacer letras que estén al nivel de nadie. Y sí, es autocompasión, o autoinseguridad, o nula autoconfianza, ¡qué más dará, ya a estas alturas!
Y como resulta que no soporto la autocompasión y mucho menos a los pusilánimes, pues decido que no estoy. Y no estar es solo eso que hacen (creo) los deportistas cuando casi ya no tienen fuerzas para seguir corriendo, nadando, pedaleando, luchando, peleando; cuando duele tanto la vida seguir que solamente puedes hacerlo si dejas de pensar, de mirar a lo lejos, si dejas de estar y solo decides seguir sin más.
No hay metas, ni objetivos. La única meta es el paso siguiente. El único reto, vivir mañana. El único objetivo, no tropezar con la vida real en el intento. Y así, sigilosa, deslizarse hacia el futuro, sin pensar demasiado en el pasado, sin darle demasiada importancia al presente. Que la vida es juego, y los juegos, juegos son (Calderón's remake).
A veces no estoy. Hoy es a veces. Hoy no estoy.
Esto es lógica matemática.



... Wendy escapa ...
... hacia su interior ...

sábado, 14 de enero de 2012

Robados/Posados XII+I


Y entonces ha ocurrido algo. Cuesta creerlo por lo triste que es este día. He acompañado a Kakuro a eso de las cinco a la portería de la señora Michel (quiero decir de Renée) porque quería coger algo de ropa suya para llevarla a la morgue del hospital. Ha llamado a nuestra puerta y le ha preguntado a mamá si podía hablar conmigo. Pero yo había adivinado que era él: ya estaba junto a la puerta. Por supuesto, he querido ir con él. Hemos cogido juntos el ascensor, sin hablar. Parecía muy cansado, más cansado que triste; me he dicho: así es como se ve el sufrimiento en los rostros sabios. No se nota demasiado, sólo provoca la impresión de un cansancio enorme. ¿También yo parezco cansada?
Bueno, el caso es que hemos bajado a la portería Kakuro y yo. Pero, al cruzar el patio, nos hemos parado en seco los dos a la vez; alguien se había puesto a tocar el piano y se oía muy bien lo que tocaba. Era algo de Satie, creo, bueno, no estoy segura (pero en todo caso era algo clásico).
Realmente no tengo ninguna idea profunda sobre esto. De hecho, ¿cómo tener una idea profunda cuando un alma gemela descansa en una cámara frigorífica de hospital? Pero sé que nos hemos parado en seco los dos y hemos respirado hondo, dejando que el sol nos calentara la cara y escuchando la música que venía de arriba. "Pienso que a Renée le habría gustado este momento", ha dicho Kakuro. Y nos hemos quedado ahí unos minutos, escuchando la música. Yo estaba de acuerdo con él. Pero, ¿por qué?
Pensando en eso esta noche, con el corazón y el estómago hechos papilla, me digo que a fin de cuentas quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás.
Sí, eso es, un siempre en el jamás.

No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada.
Pues, por  usted, a partir de ahora buscaré los siempres en los jamases.
La belleza en este mundo.

La elegancia del erizo, MURIEL BARBERY



... siempre ...
... en NuncaJamás ...


sábado, 7 de enero de 2012

Silencio. Se sueña.

Aquella mañana se despertó con un regusto raro en la memoria. Normalmente recordaba sus sueños, pero ese día era diferente. Ese día había soñado recuerdos.
Recordaba el principio, a la perfección. Y también recordaba el final, demasiado doloroso como para recordarlo despierta, necesitó soñar para volver a revivirlo. Recordó el color imposible de su mirada, todas y cada una de las letras de sus silencios medidos a medias, el sabor metálico de las lágrimas que le hizo derramar. Recordó también cuanto dolían sus besos que, como pequeños mordiscos, fueron desnudando su alma de nuevo a la vida; recordó el contraste de sus manos sobre su piel, el tacto de su pelo enredado entre sus dedos. Volvió a sentir, aunque solo fue un momento, un fugaz destello, aquella sensación de plenitud, de vida, de estar completa en el centro de su envoltorio, en el nudo de todas sus pasiones.
Lo volvió a ver en su sueño, azul a veces, gris casi siempre, verde al enfadarse, violeta solo para ella. Mohíno, siempre. Sonriente pocas veces, pero qué veces aquellas. Y su voz, y todos sus tonos. Y todas las cosas que le dijera, aún sin decir alguna de ellas. Recordó las listas de cosasquehaceralgúndíajuntos, de lugaresalosqueirconella, pero también las de lasmentirasquelecontésincompasión.
Olió de nuevo su jabón, sintió otra vez las sábanas de su cama, se dejó flotar en el caldeado ambiente del verano de sus brazos.
Y fue entonces cuando lo vio. Igual, pero distinto, aunque no sabría decir qué había cambiado. Él la miró, como hacía siempre. Serio. Giró la cabeza en la cama intentando en vano cambiar de sueño, escapando una vez más de él y sus realidades, todavía demasiado dolorosas; pero de nada sirvió.
Cuando volvió a mirar él seguía allí, unas dos mesas a la izquierda, sentado, con dos bebés y una mujer joven. Y no dejaba de mirarla. Ella decidió que ya. Que era demasiado, incluso para tratarse de un sueño. Y se levantó. Y se marchó.
Caminó por pasillos; cada vez más rápido, cada vez más largos. Caminó solo para comenzar a correr tan lejos que simplemente volvía al principio. Vio unas escaleras y decidió subir, llegó a una azotea, y alguien le dijo que no podía estar allí, que aquello era una propiedad privada. Suya. De él.
Hasta el cielo y su vista le había robado.
Solo podía descender, así que eso fue lo que hizo. Cansada, con la cabeza hundida en unos hombros que amenazaban con caerse escaleras abajo. Con su rostro dibujado en rayas del carbón con el que esconde sus ojos miel; surcos imposibles de lluvia sobre un cristal vivo. Y en un giro, se lo encuentra, a su izquierda, de nuevo.
Él la mira. Ella se para. Él está triste, y con la mirada le dice algo que ella no entiende, que quizás nunca ha querido entender. Hay tanto sufrimiento, tanto dolor, tantos "yonoqueríaqueaquelloterminaseasí", muchos "nuncaquiselastimartesemefuedelasmanos", algún que otro "todavíameacuerdodetí"; y, finalmente un sonoro y triste "tambiéntúmehicistemuchodañoamí" lleno de lágrimas violetas rodando por sus mejillas. 
Y entonces él le tiende la mano, y ella solo estira los dedos para acariciar su palma mientras se aleja sin mirar atrás.
Se despertó aquella mañana con un regusto raro de sueños desmemoriados y recuerdos ensoñados, pero también con una necesidad, una idea parásita, recurrente, cíclica, un bucle sin final. Se despertó con la certeza de que le verá de nuevo.
Solo para decirle: "Perdóname. Por el daño que te hice. Por el daño que te hago. Por el daño que te podría hacer si tú me dejases."



... porque al marcharse, dejó un agujero en su alma ...
... porque si todo hubiera sido diferente ...
... nada de aquello habría ocurrido ...
... porque te invito a un café y un paseo por la playa ...

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Aristóteles ya no está de moda

Solemos caer en el terrible error de pensar que conocemos bien a nuestros conocidos, amigos, familiares y demás satélites más o menos necesarios de nuestras vidas. Y digo que es un error, y lo digo porque lo sé de muy buena mano. De hecho, la mía propia.
Uno nunca podrá decir que conoce bien a alguien mientras no le haya visto mandar, dirigir, ordenar; chámalle X. No se termina de ser uno mismo mientras no se encuentra en uno de los dos extremos de la vida, tomando vida en términos de poder, o sea, tener todo el poder o no tener ningún poder. Es en esas extremistas ocasiones en las que cada pavito o pavita despliega todo su plumaje, sin pudor alguno, incluso a veces sin ni siquiera la más mínima vergüenza ni decoro.
En general, y partiendo del axioma de que casi todo el mundo es pura hipocresía, las personas acostumbran a proclamar a los cuatro vientos que su vida se rige por unos valores que podemos llamar universales (aunque podríamos llamarlos también una puta mierda), a saber: lealtad, honradez, honestidad, sinceridad, transparencia, valentía. Raras palabras donde las haya, pardiez (por seguir en línea del lenguaje usado en la época en que estaban en boga). Hoy por hoy, estos vocablos y su significado son manoseados, sobados, pisoteados, babados y escupidos a diario por gentes que ni siquiera sabrían definirlos. Yo, como soy así de rara, los resumo a todos ellos en dos nuevas palabras, que para mí, mis adorados DonQuijotes y mis hasta la eternidad idolatrados EdmondDantes, son la guía, el Norte, la Estrella Polar de nuestros pasos.

- ELEGANCIA y CONGRUENCIA -

Para mí, la elegancia no tiene nada que ver con la vestimenta, ni con los accesorios que muchos y muchas se empeñan en usar para parecerse cada vez más a un jamón de Guijuelo disfrazado de árbol de navidad. Para mí, e insisto, porque soy rara, la elegancia no tiene nada que ver con la estética, sino con la ética, aquello que Aristóteles se empecinó en dar a conocer, la madre de todos los corderos filosóficos. La elegancia es una actitud vital, y la congruencia es su única e inseparable consecuencia.
Por desgracia, más de un 99,9% de las gentes que nos rodean-rán en nuestras vidas serán incongruentes, es decir, se inflarán cual gallos de corral para llenarse el pico y escupir que tienen valores y se guían por ellos, y a continuación, a la mínima que te quieras dar cuenta, estarán traicionándo-te, esclavizándo-te, mintiéndo-te, humillándo-te, faltándo-te al respeto, etc. En una palabra, jodiendo a diestro y siniestro, a tí y a todo el que se quiera poner en su camino.
Todo esto no tendría ninguna importancia si no fuera por las situaciones extremo. Es en ellas cuando todo toma otro color, mejor dicho, cuando todo se colorea y se ve así mucho mejor y más nítido.
Cuando uno de estos tiene poder, pasa a usar sus "valores" -mejor llamémosles perversiones-, sin control. Ya no se respeta, ni se escucha, ni se pregunta, a quien poco antes "era" un amigo. Se decide, sin control, en base a criterios más personales, ambiciosos, avariciosos, egoístas, cobardes; sin tener en cuenta cuánto daño se hace ni a quién se le distribuye dicho daño. En esos niveles la culpa no existe, al igual que la responsabilidad, pasan a diluirse hasta el infinito. Solamente existe el ego desmedido de quien utilizó para luego pisar, de quien despeñó para escalar, de quien no supo crecer a tiempo ni sabrá crecerse en el destiempo.
Una vez, en uno de esos cursos en los que intento exprimir todo lo que me dan, alguien dijo: "El poder te lo dan desde arriba, el respeto y la autoridad se ganan desde abajo". También se dice por ahí: "Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita". Hoy por hoy ya nadie respeta a los santos; ahora sí, lo que yo le he dado a alguien porque se lo ha ganado, eso nunca jamás se lo podré robar, porque queda grabado a fuego en el alma de las dos partes, no hay contrato más fuerte que ese.
Lo mismo sucede con quien no tiene ningún poder ya, el que no tiene nada que perder porque ya todo lo perdió, el desesperado. Ese también se muestra tal como es, sin tapujos ni miramientos; y si tiene que pisar, morder, arañar, empujar o matar para conseguir algo, lo hará sin pensárselo dos veces.
Estamos rodeados de Darth Vader's, de Ebenezer's Scrooge, de mini-Führer's de pacotilla, de brujas de Blancanieves y madrastras de Cenicienta, de Madame's Medusas. El lado oscuro se nos está merendando sin compasión: en la política, en el trabajo, en el mundo en general. Gracias que a mí, la vida me reparte mierda emocional suficiente para todos los días ponerme los pies bien pegaditos a la tierra, y así tener muy claro cuales son las cosas importantes de verdad, que de perversas, tienen más bien poco.
Así que yo, pero solo porque soy rara, ya sabéis, paso del lado oscuro. Seguiré con mi espada Jedi, siendo Obi-Wan Kenobi; y lucharé sola, o acompañada por todos mis Quijotes y Edmond's Dantes, para que el lado oscuro deje de tocar las pelotas al personal.
Ese es mi propósito para el Año Nuevo 2012, que como todos sabéis (y al que no lo sepa ya se lo digo) es el año en que se acaba el mundo.



... Wendy os desea ...
... Feliz Día de los Inocentes ...

miércoles, 21 de diciembre de 2011

And what if...?

¿Y si mañana...
... me toca la lotería?
... me despierto y soy feliz?
... no me despierto?
... no me sale de las narices levantarme?
... me disfrazo de payaso y paso consulta así?
... voy y mando a tomarporculo a toda la gente que me apetece?
... me doy cuenta de que ya no te recuerdo?
... me llamas?
... decido que te enviaré un mensaje de Navidad?
... decido que no, que mejor no?
... pienso que quizás el año que viene?
... te echo de menos, como siempre?
... te escribo, como todos los días?
... no pienso ya más?
... paso página?
... me fugo con Papá Noel en trineo a, por ejemplo, Italia?
... me pongo las gafas de ver feliz?
... me dejo la diplomacia y el cinismo en casa, para que se hagan compañía?
... sonrío mucho y a todos?
... ayudo a que el día sea un poquito mejor?
... incluso para mí?
... me desayuno un cubata?
... canto todo el día?
... reparto abrazos a todo el mundo?
... me río de lo que me de la gana?
... me lloro de lo que me de la gana?
... todo lo digo en verso?
... jugamos un Monopoly?
... esa gente deja de tocarlaspelotas, que es Navidad, joder!?
... alguien me hace el regalo de decirme que me quiere, que no puede vivir sin mí, que lo soy todo?
... me volvieses a escribir mentiras?
... me doy un golpe de cordura en la cabeza?
... voy a nadar?
... hago lo de cada día?
... nada cambiase?
... todo sigue igual?


... todo se ha ido ...
... pronto desaparecerá ...
... todo cambia, Wendy ...
... todos menos tú ...